La violencia de género se define como la “manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”, y “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad.”

Es un fenómeno que en muy poco tiempo ha pasado de ser invisible a estar en portadas de periódicos, abrir noticiarios y formar parte de las proposiciones de algunos partidos políticos. Y no es para menos, las cifras de asesinatos de mujeres a manos de hombres de los últimos años son realmente estremecedoras;  en el año 2007, las mujeres asesinadas fueron 71, en el 2008, fueron 84, en el 2009, 68, en el 2010, nada menos que 85, el año con más muertes de la última década, en el 2011, fueron 67, en el 2012, 57, en el 2013, 57, en el 2014, 59, en el 2015, 64, en el 2016, 53, en el 2017, 55 y en lo que llevamos del 2018 ya son 6 las mujeres asesinadas a manos de hombres, en algunos casos ni siquiera eran parejas o exparejas.

Existen diferentes grados de violencia de género, afortunadamente, no todas terminan en muerte, pero siempre provocan secuelas y graves daños mentales y emocionales en sus víctimas.

Sin entrar a determinar cuáles son las causas más comunes por las que la violencia de género se activa, los profesionales y los cuerpos de seguridad del estado advierten de una elevada relación entre el consumo de estupefacientes y la violencia ejercida sobre las mujeres.

Las formas en las que la violencia de género se relaciona con las drogas suele venir representada en primer lugar por la propia sustancia y el momento de intoxicación que produce en los toxicómanos, que en sus posibles desvaríos puede incluir una sensación de euforia irracional que desemboque en violencia.

En segundo lugar, la relación que se establece con ella dentro de los ambientes más sórdidos lleva aparejada una inevitable relación con la violencia callejera, la cual, tras ser aceptada por el adicto, la traslada con facilidad al entorno íntimo de la pareja.

En tercer lugar, el más conocido por todos, se da en los procesos o periodos de abstinencia, ya sea por desintoxicación o por falta de acceso a las drogas. En esos momentos, el adicto, en su afán de conseguir los recursos necesarios para adquirir la droga y en dependencia de su adicción, su violencia tendrá un nivel mayor o menor.

El adicto al alcohol, el principal agente de la violencia de género por drogas

La mayoría de la documentación existente sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres en el ámbito doméstico por abuso de alguna sustancia demuestra que, sin lugar a dudas, la primera sustancia desencadenante es el alcohol. Es un hecho demostrado que el abuso del alcohol es común entre los que ya son maltratadores, usando estas sustancias para desinhibirse y acometer el acto violento que les nace.

Así mismo, está comprobado que cuando la víctima se halla bajo los efectos del alcohol, normalmente el maltratador también lo está. También podemos apuntar que existe un elevado porcentaje de mujeres que comienzan a desarrollar problemas de adicción al alcohol como consecuencia de este maltrato, es un efecto que se retroalimenta, ya que por regla general las mujeres que se convierten en alcohólicas también se encuentran en posición de mayor riesgo para ser víctimas de maltrato.

Otro hecho fácilmente demostrable es que la intensidad de la violencia suele aumentar cuando el maltratador ha consumido, actuando en este caso no solo como inhibidor sino como potenciador.

Así mismo, la relación directa entre el alcohol y la violencia sexual es amplia, como reconocen las principales organizaciones y estadísticas. Se demuestra que muchos agresores habían consumido alcohol antes de la agresión o tienen problemas con el alcohol, que el alcohol incrementa el nivel de agresión sexual.

A diferencia de la violencia en los hogares, el alcohol tiene una fuerte presencia en las agresiones sexuales en las que el agresor y la víctima no guardan relación alguna e incluso ni se conocen.

Existen creencias en torno a los efectos del alcohol que sirven para justificar una conducta agresiva o para provocar una predisposición. Una de ellas es considerar a las mujeres que se hallan bajo el efecto del alcohol como víctimas fáciles y por ello iniciar el acoso.

 

Violencia y drogas en la relación entre adolescentes

El aumento de la violencia en las relaciones amorosas a edades tempranas es otro importante problema de gran calado en nuestra sociedad, puesto que conlleva unas consecuencias negativas muy perjudiciales, tanto a corto y medio como a largo plazo.

Y es que este tipo de violencia de género durante la relación de noviazgo presenta unas cifras alarmantes, casi la mitad de la juventud española ha agredido físicamente a su pareja, aumentando desproporcionadamente el porcentaje de jóvenes que han ejercido alguna vez agresión psicológica.

La coincidencia del inicio con las relaciones de pareja al tiempo que comienza el consumo de alcohol y otras sustancias tóxicas representa claramente el nexo de unión para que se genere una conducta de riesgo que termine en violencia hacia la pareja.

Si quieres seguir informándote sobre estos y otros temas relacionados con el mundo de las drogas, puedes visitar la web de Narconón Mediterráneo, los máximos expertos en el tratamiento y rehabilitación de todo tipo de adicciones a sustancias químicas, en http://www.narcononmediterraneo.com/ y, si tienes algún tipo de problemas con ellas o conoces a alguien que necesita ayuda debido a este terrible mal, disponen de un número de teléfono para atenderte personalmente: 955286026 o, si lo prefieres, también tienes la opción de dejar un mensaje en el correo electrónico Info@Narcononmediterraneo.com que responderán a la mayor brevedad posible.