La percepción que se tiene de la marihuana por una parte importante de nuestra juventud y de la del entorno del resto de países europeos dista mucho de ser real. Parece que por llevar la etiqueta ocasional de medicina natural o marihuana terapéutica, esta droga ya no es perjudicial, parece que la sociedad en su conjunto se ha relajado en cuanto a sus efectos negativos por un exceso de consumo, al catalogarla como una de las drogas con menos peligrosidad de todas las existentes.

Esta visión global de la marihuana hace que se bajen las defensas y nos permitamos el lujo de ser demasiado tolerantes y permisivos ante las adicciones y enfermedades que esta droga produce entre la población y, con especial incidencia, entre los más jóvenes.

Factores de popularidad de la marihuana

Es muy fácil que los adolescentes se introduzcan en este consumo, puesto que es una droga que no se esconde, al menos no como ocurre con el resto de las drogas. Es muy normal encontrarla en las calles, debido a la poca penalización que se efectúa sobre los consumidores o los traficantes, así como a la gran distribución que tiene, ya que los países exportadores se encuentran cerca de nuestro propio país, e incluso hay numerosos productores autónomos que realizan sus cultivos y ventas dentro de las propias fronteras españolas.

Al posibilitarse con tanta facilidad el contacto con esta droga y que la cultura social imperante nos repite machaconamente que es una planta natural y, por tanto, más saludable que el propio tabaco, al que le echan todo tipo de productos químicos, la juventud se enfrenta a esta droga sin temores, sintiéndose completamente seguros de que no se arriesgan a nada.

También existen otros factores sociales que impulsan a su consumo como líder indiscutible del conjunto de las drogas, y es que el inicio se hace entre amigos y risas, esporádicamente, en ambientes relajados e incluso con familiares adultos. El estatus social que mantiene la marihuana hace que esta esté presente en canciones, que sea visto como una moda cool o que las películas las mencionen sin hacer referencia a sus aspectos negativos.

Pero también es utilizada como vía de escape ante los problemas, ya sea del hogar, de la escuela o en los ambientes callejeros, al igual que ocurre con otras drogas denominadas duras, como la heroína o la cocaína.

Según la información proveniente del National Instituteon Drog Abuse, los niños y los adolescentes que comienzan a fumar marihuana lo hacen por las causas mencionadas, pero también, como causas más comunes; la curiosidad y el deseo de formar parte de un grupo social. Está comprobado que los jóvenes que son adictos al tabaco o beben alcohol regularmente se encuentran ante un mayor riesgo de probarla. Igualmente, los aspectos emocionales juegan un papel muy importante en el interés y la posterior adicción a la marihuana; la ansiedad, la ira, el enojo, la depresión, e incluso el aburrimiento, son factores que incitan al consumo de esta droga de fácil acceso y económico precio.

Todo esto unido da lugar a un peligroso y tóxico coctel y como resultado esa popularidad que posee la marihuana entre nuestros jóvenes.

Efectos perjudiciales del consumo de Marihuana

Vamos a tratar en este punto del artículo de derribar el principal mito de los consumidores de la marihuana, ese que dice que no es peligrosa para nuestra salud, puesto que es total y radicalmente falso.

Fumar Marihuana proporciona el más que posible riesgo de cáncer de pulmón, pues respiramos CO2, pero con esto no decimos nada nuevo. Los problemas se encuentran dentro del aprendizaje, pues se crea un fenómeno conocido como el del cerebro sobrecargado, y es que la marihuana secuestra el funcionamiento normal del cerebro adolescente, algo que para muchos científicos puede tener efectos permanentes en el desarrollo del cerebro.

Los estudios a base de imágenes de resonancia magnética funcional comprobaron la actividad cerebral en jóvenes de 19 a 21 años que no fumaban marihuana regularmente y los que habían fumado, aunque fueran cantidades mínimas (1 porro a la semana durante 3 años o más).

Se evaluó el funcionamiento ejecutivo de sus cerebros en relación a los procesos mentales implicados en temas como la organización, la toma de decisiones, la planificación y la consecución de objetivos a largo plazo y encontraron una mayor actividad cerebral en los fumadores de marihuana habituales, mientras completaban tareas diseñadas para medir su impulsividad, como en la memoria de trabajo, en el procesamiento viso-espacial y en la atención sostenida. No hay que confundir el término de aumento de la actividad cerebral como algo positivo, pues no es así, en realidad significa que el cerebro tiene que desempeñar un trabajo más duro y comprometer a más recursos cerebrales para responder con precisión, por lo que el desgaste es mayor.

Igualmente los estudios realizados en la década de los 80,s nos confirman que existen déficits cognitivos que se darían a largo plazo más allá de 9 años sin consumir esta droga, demostrando una vez más que el efecto dañino en los cerebros jóvenes es mucho más potente que en los adultos.

Un estudio más reciente confirma haber encontrado cambios estructurales en cerebros de jóvenes de 18 a 25 años de edad que fumaban al menos un porro por semana, comparados con jóvenes con poco o nulo historial de consumo de marihuana, así como graves alteraciones en las regiones del cerebro implicadas en la emoción y el procesamiento de recompensas.

Otro estudio confirma que los adolescentes con un hábito muy marcado de consumo de marihuana tienen un riesgo alto en pérdida de cociente intelectual y tienen el 60% menos de posibilidades de acabar el instituto u obtener un título universitario que sus pares no consumidores.

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